Un Eurovegas de la leche

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Un Eurovegas de la leche

Todos los números que rodean al proyecto de explotación lechera de Valle de Odieta en Noviercas (Soria) son exagerados. La empresa planea el mayor emplazamiento de este tipo en toda Europa en un pueblo de 155 habitantes.

Artículo original: saltamos.net

Texto: Isabel Cañas, Carlos Benéitez, Irene Martínez, Iván Pastor y Miguel Ángel Conejos

Fotografía: Pablo Ibáñez e Irene Martínez

La Serranía Celtibérica afronta la despoblación como uno de sus principales males y cualquier proyecto puede ser visto como una solución. El pueblo soriano de Noviercas es un ejemplo de cómo el capital extranjero ha conseguido el apoyo en el territorio para un proyecto al que sindicatos, organizaciones ecologistas, partidos como Podemos, IU y Equo, y gran parte de la población se oponen por sus consecuencias.

La empresa Valle de Odieta proyecta en la localidad soriana una granja que, en su plenitud, albergaría a 20.000 vacas lecheras en un espacio de 900 hectáreas. De llevarse a cabo será la mayor explotación lechera de Europa y una de las cinco más grandes del mundo, solo comparable con las que existen en EE UU de 32.000 cabezas en 10.000 hectáreas o China con 100.000 cabezas en la misma superficie. La explotación necesita una inversión que ronda los 100 millones de euros, de los que 93 provendrían de capital extranjero, según fuentes cercanas al consistorio de Noviercas.

Una factoría de estas características producirá 368.000 toneladas de residuos al año, equivalente a las generadas por una población similar a la de toda Castilla y León. Además, necesitará 600.000 kilos de forraje y entre cuatro y seis millones y medio de litros de agua al día para producir 180 millones de litros de leche industrial al año.

Para Greenpeace, esta granja “sigue anclada en un paradigma que busca el rápido y máximo beneficio económico”, en oposición al modelo que defiende esta organización, “de ganadería que nos pueda proveer a todas las personas de alimentos sanos, de calidad, de cercanía, que permita mantener un mundo rural vivo y, por supuesto, que respete el medioambiente, a las personas y demás seres vivos”.

El sector ganadero alerta de que la granja supondrá una amenaza para el resto de explotaciones lecheras. La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) advierte que “726 empleos de pequeñas explotaciones estarán abocados al cierre”.

Los sindicatos agrarios ven en Noviercas un peligro para el sector lácteo español, “muy tocado desde el fin de las cuotas lácteas”. Según Andoni García, representante de la COAG en el Comité Económico y Social Europeo, “esta explotación hará bajar el precio de la leche en España, por lo que ningún ganadero, ni empresa láctea debe quedar al margen”.

Planta de Campofrío en Ólvega (Soria). Foto: Pablo Ibáñez.

Tanto la Diputación de Soria como la Cámara de Comercio y la Federación de Empresarios de esa provincia, entre otros, prefieren verlo como la salvación de Soria en su lucha contra la despoblación. El alcalde de Noviercas, Pedro Millán, del PP, en un comunicado lanzado en febrero a su pueblo, comentó que generará “empleos para las personas necesitadas de Noviercas y para nuevas personas que vendrán a trabajar de pueblos próximos, de Soria, de Burgos, de Zaragoza, de Navarra, La Rioja, Vizcaya, del extranjero o de donde sean”.

Asociaciones y movimientos como Cultura Permanente, Ecologistas en Acción, Grain, la Revista Soberanía Alimentaria, Amigos de la Tierra y Greenpeace coinciden en que son las pequeñas explotaciones las que asientan población, y añaden que “el proyecto de Noviercas es insostenible desde un punto de vista medioambiental y social”.

Íñigo Crespo, de Cultura Permanente, además, señala que este proyecto “no se encuentra incluido en ningún plan de repoblación del territorio”. Desde la organización Grain afirman que “es un proyecto faraónico que sólo responde a delirios de grandeza, además de aprovecharse de una zona tradicionalmente abandonada que acoge ingenuamente cualquier promesa de inversión y de futuro”.

Macroeconomía láctea

El proyecto está impulsado por la cooperativa navarra Valle de Odieta, en colaboración directa con el empresario Emiliano Revilla, quien vendió la empresa que lleva su apellido. Esta empresa pertenece al grupo Sigma Alimentos a través de Campofrío. A su vez, Sigma se integra en el Grupo Alfa, donde Carlos Slim, sexto en la lista mundial de Forbes 2017, tiene una participación significativa.

Tanto Revilla, teniente de alcalde de Ólvega, como la propia Diputación de Soria han explicado a través del Heraldo de Soria que la explotación de Noviercas es “totalmente complementaria” a la actividad de la fábrica de La Quesería Vasca. A pleno rendimiento, esta fábrica será capaz de procesar 425.000 litros de leche y producir hasta 60.000 kilos de queso al día, de los cuales una gran parte irá destinada a la fábrica de pizzas de Campofrío, ubicada también en el polígono industrial olvegueño Emiliano Revilla Sanz.

Venta de tierras

Emiliano Revilla ha dado a conocer este proyecto a los habitantes de Noviercas con las mismas promesas que ofrece la web del Ayuntamiento de Ólvega: agilización de trámites o subvenciones públicas; y en prensa, a través de argumentos como la repoblación, misma tesis usada con la mina de Borobia o la antigua fábrica de la eólica Vestas.

Pero algunos de los vecinos de Noviercas se muestran escépticos ante estas promesas: “¿Quién va a vivir aquí? La mayoría de la gente censada o que trabaja en el pueblo vive en otros sitios con más servicios, como Ólvega o Soria”. Según Alberto Guerendiain Azpiroz, gerente de Valle de Odieta y administrador solidario de La Quesería Vasca, “la realidad es que solo dos o tres familias podrían instalarse en el pueblo”.

En Diario de Soria, Revilla lanzaba un comunicado a dos páginas insertadas en una edición dominical. En ellas instaba “a todos los vecinos y propietarios de terrenos de Noviercas que, por encima de intereses personales, se haga prevalecer el interés general y el bien común y se materialicen lo antes posible los acuerdos pendientes en relación a la compra venta o permuta de los terrenos”.

Los propietarios, algunos con reticencias y empujados por la presión mediática —según han declarado a El Salto—, aceptaron vender a un precio de 5.000 euros por hectárea, en una zona con valor de mercado de 4.000 euros/hectárea.

Inicialmente el alcalde ofreció repartir el coste entre la empresa (que pondría 3.000 euros) y el ayuntamiento, que pagaría el resto. Ante el descontento que esta oferta suscitó, el ayuntamiento dio marcha atrás, pero ya ha prometido rebajas en las licitaciones y concesiones. Para ampliar la información sobre esta venta de las tierras y otras particularidades del proyecto, El Salto se ha puesto en contacto con el alcalde de Noviercas, Pedro Millán, que ha rechazado hacer declaraciones al respecto.

Escasez de agua

Todavía se desconoce cómo se va a realizar el abastecimiento de los millones de litros de agua que cada día necesitará la explotación. La Diputación ya ha puesto a disposición de la empresa a un grupo de técnicos de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid.

Se plantean dos soluciones, posiblemente complementarias. La primera sería llevar a cabo la explotación de los acuíferos de la zona, única forma de abastecimiento de los vecinos del pueblo. Y la otra, un trasvase desde el río Duero, que tendría un elevado coste para las administraciones públicas.

Noviercas se encuentra a 1.097 metros de altitud, y Aldealafuente, desde donde está previsto realizar el trasvase, está a 88 metros menos, por lo que requeriría una estación de bombeo, una obra pública a la que podría optar Aqualia, parte del conglomerado FCC, del que es accionista mayoritario Carlos Slim.

Ecologistas en Acción y Permacultura afirman que “uno de los mayores riesgos puede ser la contaminación de los acuíferos, ya que se producirían dos millones de litros de purines [residuos orgánicos fermentables] al día”. El riesgo de contaminación por filtración de estos y otros elementos líquidos de los desechos “constituye un grave peligro en una población cuyo único sistema de abastecimiento son sus pozos acuíferos”.

Para gestionar los residuos líquidos de 20.000 vacas se necesitan 6.000 hectáreas, según la Junta de Castilla y León, lo que supone tener que trasladarlos a una distancia de hasta 20 kilómetros. Económicamente no es rentable y algunos vecinos temen que, al margen de lo que se exponga en el proyecto, los purines se repartan en las 900 hectáreas de tierras de cultivo que rodean Noviercas.

La organización Grain señala que “el nitrógeno del suelo absorbido por las plantas que crecen en estas tierras contaminadas acarreará plagas como cochinillas y pulgones que se ven atraídas por las plantas con altas concentraciones de nitrógeno”. Además, como consecuencia de la desaparición de las explotaciones extensivas se teme un incremento del riesgo de incendios. Al desaparecer las explotaciones extensivas y no haber ganado se produce un aumento de hierba que en verano se seca, lo que crea un mayor riesgo.

“La expansión de la ganadería industrial está detrás de algunos los principales problemas que afrontamos. El cambio climático, el aumento de la obesidad, las enfermedades coronarias o la resistencia a antibióticos, son algunas de las consecuencias de esta agricultura, tal y como señala la propia OMS. Está claro que la agricultura industrial es insostenible; es urgente avanzar hacia una ganadería respetuosa con las personas y el medio ambiente”, ha afirmado Blanca Ruibal, responsable de Agricultura y alimentación de Amigos de la Tierra. “La explotación en Noviercas solo va a dejar impactos negativos en el territorio y ningún beneficio”, añade Ruibal.

Malestar animal

La magnitud de la explotación también tiene implicaciones en la salud y bienestar de los animales. Marta Rivera, de Soberanía Alimentaria, expone que en la producción intensiva “aparecen con más frecuencia ciertas enfermedades como mastitis, patologías podálicas, alteraciones de los ciclos de ovulación o desórdenes metabólicos, entre otras”. Del mismo modo, “el riesgo de propagación de enfermedades se incrementa según aumenta el tamaño de la explotación y el hacinamiento, por la dificultad que entraña la detección de un problema sanitario”.

Por ello se realizan protocolos de prevención, lo cual produce desajustes en los animales. “Muchas de las prácticas que se utilizan en estas explotaciones van derivadas del aumento de la producción a corto plazo, como la sobrealimentación con el objetivo de aumentar la producción de leche”.

Existe también una reducción del intervalo entre partos, conocido como “vaca seca”, pero “mediante prácticas que trampean los mecanismos de defensa se consigue reducir este periodo”. Todo esto “reduce la vida productiva antes de ser sacrificadas y vendidas a bajo coste para uso alimentario”, ya que mientras “la vida de una vaca en producción intensiva es de cinco o seis años, en extensivo es de diez a doce años”.

Por último, la calidad de la leche tiende a ser menor en las explotaciones intensivas. “Se aumenta la cantidad de grasas saturadas en la leche, se reducen las vitaminas y nutrientes naturales, empeoran las propiedades organolépticas y aumenta la presencia de fármacos”, concluye Rivera.

La experiencia de Caparroso

La aventura de Valle de Odieta en Noviercas tiene un precedente. La empresa,  propietaria también de la granja Mendoza en Álava, instaló hace siete años, en Caparroso, una granja de vacuno de leche con 4.800 cabezas –la más grande del Estado español— junto a una planta de biogás. Dicha explotación cuenta con un terreno de 3.700 hectáreas y genera al año 200.000 toneladas de residuos.

La explotación ha seguido su actividad pese que el Tribunal Superior de Justicia de Navarra anuló en 2011 la autorización ambiental otorgada tras una denuncia de la localidad vecina, que posteriormente retiró. Respecto a las condiciones de trabajo, personas cercanas a la vaquería reconocen que son muy duras y que hay bastante temporalidad porque muchos “no aguantan”.
Un empleado de la vaquería explica que trabaja más de 50 horas semanales, sin fines de semana y con dos días libres de cada diez. “Es una explotación vacuna y de personas”, reconoce.

Vaquería extensiva en Huesca. Foto: Pablo Ibáñez.

Las doce granjas riojanas, en peligro por la explotación

Doce ganaderías riojanas se dedican a la producción de leche; pero la proximidad con Soria y las dimensiones del proyecto de Noviercas influirá no solo sobre la subsistencia económica de esta docena de granjas, sino que podrán verse afectadas por las consecuencias tanto medioambientales como económicas derivadas de la explotación.

La postura del Gobierno de La Rioja ante este proyecto se hizo pública el pasado 24 de abril. Podemos hizo una pregunta durante el Pleno del Parlamento de La Rioja a Íñigo Nagore, consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno riojano. El grupo parlamentario le preguntó “qué efectos podrían plantearse de esta explotación a nivel económico en La Rioja”. La respuesta de Nagore fue que “el sector lácteo en La Rioja es testimonial” y que los efectos ambientales y sanitarios de la misma “ni le competen ni piensa estudiarlos, ya que están en otra comunidad autónoma”.

La Unión de Agricultores y Ganaderos de La Rioja (UAGR) advierte que el sector ganadero en La Rioja es pequeño pero que se opone a la creación de esta explotación “no solo por la grave repercusión que tendrá en el medio ambiente y en las explotaciones familiares ganaderas del Norte, riojanas incluidas”, sino porque forma parte de un modelo opuesto al que defienden. Señalan, además, que “la creación de esta macro granja industrial podría significar la puntilla para el sector ganadero riojano, en claro declive en las últimas décadas”.

UAGR teme también que “un nuevo descenso de precios generado por el incremento brutal de producto en el mercado podrá significar la desaparición de las 12 ganaderías riojanas que entregan leche a la industria”. Y es que el sector está al borde de la supervivencia tras el descenso del precio de la leche provocado por la desaparición de las cuotas lecheras en 2015.

A los impactos sobre las pequeñas explotaciones y el empleo en el medio rural, se añaden los efectos nocivos que tendría la macro granja de Noviercas sobre el medioambiente. Según José Calvo de Meteosojuela —meteorólogo aficionado y colaborador en diversos medios de comunicación en La Rioja—, algunas de las consecuencias medioambientales que esta comunidad autónoma podría sufrir son debidas a sus características geográficas y orográficas, que dependen de la dirección e intensidad de los vientos, “los contaminantes aéreos, con vientos del este o temporales de Levante, podrían afectar a algunas zonas de La Rioja Baja, deslizándose por el corredor de Ólvega-Ágreda hasta llegar a Alfaro, y de ahí ascender por el valle del Ebro”.

En La Rioja, hay ganaderos como José, que tiene una vaquería en Calahorra con seis personas empleadas y una explotación de 300 vacas que producen leche triple A —leche de la mejor calidad—. José mira al pasado: “Mi padre era vaquero, mi abuelo era vaquero y mis dos hermanos y yo lo somos”. También mira al futuro preocupado: “El mayor riesgo que podemos tener en este sector es la bajada de precios”.

Más concentración en el sector lácteo de Navarra

“Nos van a joder vivos”, afirma Fermín Galarza, propietario de una granja de cien vacas en Odériz. En los dos últimos años han desaparecido tres granjas en sus alrededores y, si el proyecto de Noviercas sigue adelante, cree que las consecuencias van a ser devastadoras para la ganadería navarra.

Él sabe muy bien qué es verse en una situación crítica. Su granja fue una de las siete a las que hace unos meses la multinacional francesa Danone dejó de recoger leche tras 40 años de colaboración. La primera excusa fue que los gastos de recogida por acceder a la explotación eran muy altos. Después le dijeron que les sobraba leche. “Yo hablé con otra granja y allí me decían que Danone les estaba pidiendo que aumentaran la producción, así que se lo comenté y me respondieron: ‘A mí eso no me importa’”. Tras un acuerdo con otras ganaderías de la zona, al final consiguieron que Kaiku e Iparlat les compraran la producción.

Actualmente hay en Navarra 160 granjas, 109 menos que en 2005. La tendencia apunta a una mayor concentración de las explotaciones: en territorio foral hay varias que alcanzan en torno a las 500 vacas. Para Felipe Etxetxipia, técnico del sindicato agrario EHNE, estas dimensiones siguen siendo grandes.

Desde EHNE consideran “muy peligroso” el proyecto de Noviercas. “Un producto que está saturado como la leche, y que nos parece tan importante y estratégico, no puede caer en manos de especuladores”, afirma, y añade que “más allá de que pensamos que es un desastre medioambiental y de que vaya a provocar el cierre de empresas, nos parece fatal que gente de poder esté copando la tierra y se esté metiendo en el sector primario”.

Además de las demandas que han realizado para que se establezca una normativa que ponga límite al tamaño de las cuadras —proponen un máximo de 500— desde EHNE se muestran críticos con las subvenciones al sector. “Las grandes granjas se aprovechan de las economías de escala para reducir consumos, por lo que la inversión por vaca es menor pero las ayudas son prácticamente las mismas”, afirma Etxetxipia, que comenta que las subvenciones europeas de la Política Agraria Común (PAC) se fijan en 60 euros por vaca sin apenas filtros. “Si las ayudas se dan precisamente para que haya un desarrollo rural y que el sector permanezca vivo, este tipo de explotaciones provocan exactamente lo contrario”, se queja.

Desde el fin de las cuotas lácteas de hace dos años, las expectativas de que una mayor producción animaría al sector pronto se desvanecieron, y la situación de la leche como producto-reclamo en las grandes distribuidoras acrecienta su situación crítica. Este sindicato aboga por una mayor regulación, y en vez de abusar del llamado “paquete lácteo” —subvenciones europeas a ganaderos para que reduzcan su producción— creen que se debería fijar una directriz para que sean los países excedentarios como Francia o Alemania los que aminoren la producción.

“Nosotros apostamos por un modelo familiar de cuadras pequeñas que ayude a vertebrar el territorio. A los grandes inversores les da lo mismo invertir en el ladrillo o en vacas de leche, pero el desarrollo rural es otra cosa”, concluye Etxetxipia.

Un sector agonizante en Aragón

La supresión por parte de la Unión Europea de las cuotas lácteas, el 1 de abril de 2015, produjo un aumento de la producción de leche a nivel estatal, a la vez que comenzaba un goteo de cierres de pequeñas explotaciones.

En la década de los 90 cerraron decenas de explotaciones ganaderas aragonesas, prácticamente familiares,  iniciándose un proceso de concentración de ganado que ha terminado por implantarse con la desaparición de las cuotas en el seno de la UE. Aragón tenía cerca de 500 explotaciones en 1998, una cifra que se ha reducido hasta llegar a las 62 actuales.

El sector vive obligado al crecimiento y competencia continuos de cara a conseguir el rendimiento necesario para la rentabilidad de cada negocio. La concentración de la producción ha tenido su eco también en Aragón, donde en la actualidad existen dos grandes explotaciones: Granja San José, en Tamarite de Litera, con más de 2.300 cabezas de ganado, y Tauste Ganadera, perteneciente al Grupo Samca, uno de los mayores grupos de capital aragonés, con 4.000 cabezas de ganado según sus datos.

La apertura de la Granja de Noviercas podría empeorar estos datos. Según el sindicato COAG, a pleno rendimiento, la vaquería planeada en Soria tendría dos veces y media las vacas lecheras de todo Aragón, y podría suponer el cierre de más de 400 explotaciones familiares, la mayor parte de ellas en Castilla y León y Navarra.

El dañado sector aragonés también se vería afectado. Carlos Larraz, responsable del sector vacuno de leche de UAGA-COAG, lo explica con claridad: “Veo difícil que una industria se pueda hacer cargo de toda esa leche, por lo tanto tendría que salir al mercado spot [precio pactado por la oferta y la demanda del mercado], compitiendo directamente y haciendo bajar los precios en general, algo que haría cerrar otras granjas, afectando a aquellas que no tuvieran compromisos de recogida y a cooperativas, que también tienen que negociar el precio cada mes, o cada cierto tiempo”.

Este modelo de economía de escala influye directamente en las pequeñas explotaciones y en la vertebración del territorio, algo que para Larraz es determinante, entendiendo que es una contradicción “sacrificar 800 pueblos en beneficio de uno”, y apuntando directamente a los poderes políticos que anhelan los 250 puestos de trabajo prometidos por Odieta, sin pensar en el empleo que podría destruir. “No entendemos que una consejería que está todo el día hablando de territorialidad, de mantener los pueblos vivos, apoye de alguna forma una granja así. No sé si pueden llegar a prohibirla, pero ayudar o facilitar su implantación no tiene sentido”.

Noviercas, sin afectar con virulencia al dañado sector aragonés, plantea una coyuntura: continuar dentro de esa economía de escala, con la obligación de endeudarse para seguir compitiendo y no ser forzado al cierre de más granjas, o plantear alternativas, como la producción ecológica —inexistente en Aragón— o de elaborados lácteos.

 

Artículo extraído del periódico El Salto.