Pensamientos del 14 de agosto

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Justo hoy, 79 años atrás amanecía y continuaba la incertidumbre sobre el destino de esos 12 hombres incómodamente esposados entre sí.

Extrañamente, las camionetas donde iban custodiados les habían juntado al sur de la provincia, casi en el límite con Guadalajara. Habría rumores de un intercambio por Arsenio Martínez. No era descabellado, él pertenecía al grupo Intransigentes de la CNT y por algo habrían traído a Antonio Lafuente con aquella buena gente de San Esteban. Pero tampoco les dejaban hablar mucho. Los guardaban una panda de niñatos y pringados ebrios de uniforme y alcohol. Los que no lo eran tanto eran esos guardias civiles y ese simulacro de condenas sin fundamento que habían leído apresuradamente  Ya hacía casi un mes que había empezado todo el revuelo y los rumores de asesinatos selectivos, pero en Soria…. en Soria cómo van a hacer eso. Encerrarlos sí, pero nada mas allá. Esto era otra salida de tono mas para anular las elecciones de febrero que tanto les habían jodido.

Era la víspera de La Virgen y el sol se levantaba pesado, el trato era mas violento por momentos, pero se revestía de oficialidad cuando pasaban los de los pistolones.

Vinieron dos curas, un hombre del pueblo y otro de Soria. Los de San Esteban accedieron a ir a la ermita con el primero a confesarse para ver si le hacían entrar en razón. Barcones se llamaba el pueblo. El concejal le puso entre la espada y la pared, pero aquel hombre al final optó por ponerse del lado de los fanfarrones apoyado por los tontos de los empujoncitos con los máuser.

La cosa se iba de madre, los niños del pueblo venían a ver que pasaba y había quinientos ojos en las ventanas y esquinas del pueblo. Llevaban 24 horas de un lado a otro y los nervios estaban a flor de piel. Aun así, tenía ese no se qué que daba el estar fuera de la prisiones oscuras en la que llevaban casi un mes, pero no se presagiaba nada bueno.

Cuando tuvieron a bien de llegar los coches de Soria, los bajaron. Esto iba en serio. Separaron a Chicote. Tuvo la suerte de que entre los falangistas estaba uno de sus mejores amigos. Es que si lo mata…eso no tiene nombre…Claro, que lo que iban a hacer, tampoco. Sempere  estaba atado a él. Se libró también, aunque murió en la carnicería del Puente Ullán. Lo que pasó este hombre no lo sabe nadie.

A las dos de la tarde, los presos se encontraban en dos grupos. Los de San Esteban y los de Soria que pertenecían a CNT. Varios falangistas tenían a estos últimos el odio visceral que crea la demonización, el no poder someter a la voluntad de uno a otras personas y el que siempre les contestaban. Siempre se salían con la suya. Siempre le daban la vuelta a todo. Les daban auténtico asco.

Les pusieron contra un murete y Arsenio se dirigió a sus asesinos. Les dijo que ellos eran solo instrumentos, que no eran culpables. Y que “ojalá, que la España que queréis construir sea de paz, de amor, de verdaderos hermanos, la España que yo siempre he soñado” Un tiro le pegó en el cuello a Antonio Lafuente. Enseguida dispararon todos contra los anarquistas. Bernabé Esteban saltó al prado que tenían detrás con una agilidad increíble, a los 30 metros los disparos de ametralladora le segaron por la mitad. Los otros cinco sanestebeños caían también. Los ¡viva España! rasgaron el silencio para alejar al miedo y empezaron los cánticos. Barcones temblaba de pánico. La gente tardó tiempo en salir a la calle. Dos vecinos fueron llamados y amenazados para que dieran tierra a todos ellos. En Barcones también murió algo. Algo indescriptible que se cubrió de escusas y de tiempo frente al miedo.

A la mañana siguiente en San Esteban los gritos de la mujer de Juan Ballano hicieron estremecerse a todo el mundo.

Esos gritos todavía los escucha su hija.

Sus gritos son los gritos que pintó Picasso, los lamentos de los pozos del Caudé, los ojos de pánico en Gernika y Durango, los músculos ringados de los campos de trabajo, los de los niños y niñas arrancados a sus madres, los gritos mudos de las rapadas, las canciones silenciadas de los maestros y maestras, el rugir del hambre, la enfermedad, las cárceles, la tortura, la lucha mas allá de la derrota, el exilio…

Son los gritos que se escuchan cuando pegas tu oído a la tierra.

Son gritos que las mentiras gritadas no pueden esconder ni los esconderán jamás

Verdad

Justicia

Reparación

Garantías de no repetición

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