¡Las niñas de Soria se rebelan!

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Es muy probable que la mayoría de los padres no necesitemos instrucciones para convertir a nuestros hijos en neuróticos. Sabemos hacerlo inconscientemente. Los padres conseguimos que nuestros hijos sean neuróticos sin más esfuerzo que el de actuar sin preguntarnos el por qué, para no tener que modificar nada internamente; es decir, partimos de la base de que yo soy el padre y tengo razón y tú eres el hijo y no la tienes.

 

Nos suele venir muy bien para hacer de nuestros hijos unos neuróticos el estado actual de la sociedad en la que vivimos, ya que así podemos culpabilizar a otros de nuestros propios errores. Unos echamos la culpa al sistema educativo, otros al sistema de salud pública, otros al capitalismo y la competitividad exacerbada, otros a la política, otros a la contaminación (ambiental, alimentaria,…) y al cambio climático… Y como realmente todo lo que acabo de nombrar es cierto, pensaremos en cómo solventarlo para ayudar a nuestros hijos sin darnos cuenta de que el mayor peligro al que están sometidos nuestros hijos es a nosotros mismos. Esto es lo que hace que vivamos en una sociedad neurótica, ya que los padres neuróticos transmitimos nuestra neurosis a nuestros hijos y estos a su vez la transmitirán a los suyos. La única manera de romper la cadena de transmisión de la neurosis es examinando nuestras propias neuras.

 

Desde pequeños, la mayoría de nosotros hemos estado desamparados, hemos sido humillados, rechazados, zarandeados, incomprendidos, engañados, maltratados, manipulados, castigados y golpeados. Esto nos produjo en su día rabia, ira y dolor, emociones que no se nos permitió manifestar. Por eso hemos olvidado emocionalmente todos los agravios que se hicieron sobre nosotros en nuestra infancia y hemos sucumbido a la compulsión a la repetición, es decir, actuamos inconscientemente sobre nuestros hijos tal y como hicieron sobre nosotros, y por lo tanto humillamos, rechazamos, zarandeamos, no entendemos, engañamos, maltratamos, manipulamos, castigamos y golpeamos a nuestros hijos tal y como se hizo sobre nosotros y ha eso le llamamos educación. Los mensajes equivocados que damos a nuestros hijos con nuestras actitudes hacia ellos se almacenan como información en sus cuerpos y determinan su visión del mundo. El cuerpo posee la memoria completa de todo lo que le ha ocurrido, en particular de las humillaciones padecidas. Cuando el sistema cognitivo sostiene lo contrario de lo que está inequívocamente almacenado en el cuerpo, la persona se halla en constante lucha consigo misma.

 

Los neurólogos han descubierto que los niños traumatizados y gravemente desatendidos presentan lesiones en las regiones cerebrales que controlan las emociones. Estas zonas del cerebro son las que se ocupan también de la toma de decisiones positivas para con uno mismo (véase “El error de Descartes” del neurólogo Antonio Damasio). Así también, los traumas graves vividos durante la primera infancia provocan el aumento de la hormona del estrés que destruye tanto neuronas existentes como neuronas en próxima formación y sus conexiones.

 

Las neurosis se pueden manifestar de muchas formas, tanto física como mentalmente. El ser humano es un ser completo e integrado. No hay algo mental y algo físico que actúen por separado. Cuerpo y mente son dos manifestaciones de una misma realidad. Como dice el neurólogo Antonio Damasio “ese fue el error de Descartes, separar cuerpo y alma”. Somos seres completos y la mente no tiene sentido sin el cuerpo y viceversa. El cerebro está conectado con todo el cuerpo a través de dos vías: el sistema nervioso, que llega a todas las partes del cuerpo, y el torrente sanguíneo en donde se depositan sustancias y hormonas en función de las necesidades globales del individuo. Por eso cualquier problema “mental” puede manifestarse de forma física y viceversa. Esto pasa con las neurosis, que pueden tener muchas manifestaciones: jaquecas, alergias, problemas de estómago o respiratorio, soriasis, adicción al trabajo, a las drogas (legales, como los medicamentos, o ilegales) a la comida, necesidad de ser aplaudido, no tolerar la más mínima crítica, etc. Todas estas manifestaciones son satisfacciones simbólicas o sustitutivas por no haber podido satisfacer las necesidades reales.

 

 

Necesidades del ser humano

 

Todas las personas nacemos con unas necesidades. El primer grupo de necesidades son las relacionadas con la supervivencia emocional y física. Aquí está, por ejemplo, la necesidad de ser alimentado, de mantenerse seco y caliente, de ser tenido en brazos y acariciado, de seguridad ante los peligros activos y la necesidad de amor, entendiendo amor como “ser aceptado incondicionalmente por las personas de las cuales depende”. Hasta aquí más o menos está todo el mundo de acuerdo. Pero hay otra necesidad, que no se ha tenido muy en cuenta hasta ahora pero que es de vital importancia para un buen desarrollo integral (físico y mental) de la persona. Es la necesidad de desarrollarse a su propio ritmo en un entorno con estímulos. La neurología ha comprobado, por ejemplo, que la actividad espontánea del niño dirigida desde su interior (es decir, no estimulada desde fuera por adultos) con el mundo concreto produce una proteína necesaria para la buena comunicación entre neuronas (la mielina).

 

Si algunas de estas necesidades no son satisfechas durante cierto tiempo, el niño padecerá un sufrimiento continuo. Primero intentará hacer todo lo posible para que sus padres satisfagan todas estas necesidades. Si finalmente no consigue satisfacerlas interrumpirá su sufrimiento desconectándose de su necesidad. En ese momento creará necesidades no reales, sustitutorias para poder satisfacer simbólicamente las necesidades que no ha podido satisfacer en la realidad. Por ejemplo, un niño que llora para llamar a sus padres y estos no acuden (véase Estivill), puede generar una enfermedad o un accidente para que acudan. Obviamente inconscientemente. La enfermedad es la forma simbólica de satisfacer su necesidad de proximidad a los padres. El niño insatisfecho aprende a cambiar sus necesidades reales por otras simbólicas. Las necesidades reales no satisfechas presionarán a nuestros hijos toda su vida. La única forma de curación es volver a sentir emocionalmente (no intelectualmente) el inmenso dolor que nos provocó en nuestra niñez la no satisfacción de nuestras necesidades reales.

Ejemplos prácticos de cómo neurotizamos inconscientemente a nuestros hijos.

  1. Un niño reclama a su padre para que juegue con él. El padre, como casi siempre, le dice: “más tarde” o “ahora no que estoy ocupado”, de forma que no suele acudir a la llamada del hijo, y por lo tanto nunca satisface el deseo del niño. El niño ha perdido una batalla, pero tiene una forma de aliviar su frustración que es enfadándose y teniendo una rabieta. Seguidamente el padre le reprende por su actitud. El niño pierde otra vez, ya que se ha privado al niño de sus deseos y luego de sus sentimientos sobre sus deseos no satisfechos. Finalmente el niño muestra una cara triste y entonces le dicen: “sonríe, hombre ¿por qué tienes esa cara tan larga?”. Entonces el niño es brutalmente derrotado al privarle por tercera vez de sus sentimientos y es obligado a volverse sobre sí mismo para ocultar sus sentimientos.
  2. Un niño va corriendo y se cae. El niño empieza a llorar y siente un gran dolor. Después de que su padre comprueba que no es nada grave le dice “venga hombre, deja de llorar que no ha sido nada”. En ese momento el padre está negando los sentimientos del niño transmitiéndole a su hijo que lo que siente no es verdad. Además le impide desahogarse de su dolor con el llanto y por lo tanto ese dolor se queda en el interior del niño.
  3. Un niño de dos años quiere bajar un par de escalones que lo separan del suelo. El niño intenta bajarlos con las manos por delante. Su padre, queriendo enseñar a su hijo, intenta darle la vuelta para que baje primero las piernas. El niño se resiste varias veces pero debido a la insistencia del padre finalmente decide bajar como le hace más feliz al padre. ¿Qué mensaje recibe el niño? Pues que su forma de solventar los problemas no es correcta, que los otros (los adultos) siempre saben más y que no vale la pena esforzarse por hacer las cosas como uno desea.
  4. Un padre lleva a su hijo a un parque con muchos elementos. El parque está lleno de niños que suben, bajan, saltan, chillan… El niño está un poco cohibido y se queda un rato mirando sin hacer nada. El padre piensa que es una lástima que no disfrute de ese parque y empieza a apremiarlo para que lo utilice diciendo cosas como: “venga, sube a algo; ¿no ves que todos los demás niños están jugando y tu te lo perderás”? ¿Qué mensaje recibe el niño? Algo en ti no funciona bien ya que todos menos tú están jugando; tienes que satisfacer los deseos de tu padre y olvidarte de tus propios sentimientos, no te has de parar a sentir.
  5. Llega una visita a casa de unos conocidos que nos resultan un poco pesados, pero como somos amables y correctos los tratamos de forma socialmente adecuada a pesar de que tenemos cierta prisa. Nuestro hijo sabe perfectamente cuáles son nuestros sentimientos hacia esas personas que han venido de visita porque siempre que se van solemos hacer algún comentario de alivio. Finalmente acaba la visita y le decimos al niño: “dale un beso, que se va”. El niño no quiere y la insistencia se acentúa acompañada de comentarios del tipo: “hombre, no seas así, dale un beso”,” hay que ver cómo son estos niños”, incluso nos podemos enfadar con el niño por no dar un beso de despedida a nuestra visita. ¿Qué mensaje recibe el niño? Tus verdaderos sentimiento y deseos no son importantes, has de ser hipócrita con la gente y mostrarles sentimientos que no tienes.

Cisco

BIBLIOGRAFÍA

 

“El error de Descartes” de Antonio Damasio.

“En busca de Spinoza” de Antonio Damasio.

“La madurez de Eva” de Alice Miller

“El grito primal” de Arthur Janov

 

 

http://asociacionolea.blogspot.com.es

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