I am from Syria

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Después de haber sido proyectado otras ciudades del territorio español llega a Soria: “I am from Syria”

Organizada por Refugiándonos ZGZ, un proyecto de voluntariado independiente que trabaja en campos de refugiados de la guerra siria en Grecia, la proyección tendrá lugar en el campus universitario.

I am from Syria es el resultado de dos estancias de Cantero, junto a otros voluntarios, en el campo de Sinatex, en Tesalónica. Da respuesta en primera persona a las principales cuestiones que suscitan las deplorables e inhumanas condiciones en la que miles de personas aguardan un destino incierto, atrapadas entre la guerra y la indiferencia.

A través del testimonio de cuatro hombres y cuatro mujeres de todas las edades, el documental que ha realizado y postproducido la turolense de 26 años trata de explicar de qué huyen los refugiados, cuál es la gota que colma el vaso y empuja definitivamente a hacer las maletas, cómo es la vida en Sinatex, qué es lo más duro de su día a día, qué opinión tienen de la Europa que les cierra las puertas o que, en el mejor de los casos, las abre con cuentagotas, cómo se ven dentro de unos años…

“La gente tiende a pensar que esto está muy lejos, que los refugiados son personas que no se parecen en nada a nosotros. Pero si les escuchas descubres que sus problemas son los mismos que tendríamos nosotros si estuviéramos en su lugar”, asegura Elena Cantero cuando explica el fin con el que ha realizado el documental. “Ninguno de nosotros soportaría estar dos años allí en esas condiciones de pobreza esperando una reubicación. Y ellos tampoco lo pueden soportar porque son igual que nosotros”.

Se trata de conseguir que el espectador crítico empatice con la situación límite que atraviesan niños y adultos “y cuya realidad diaria se desconoce”, advierte. “Los medios de comunicación no hacen hincapié en lo fundamental, que es que son personas normales que huyen de una muerte segura y que solo quieren salir de los campos, tener un trabajo y libertad para pasear y hacer su vida”.

El documental, de unos 50 minutos de duración, se articula en torno a las entrevistas realizadas a ocho refugiados en el campo de Sinatex, una antigua fábrica abandonada. Grabado en inglés y árabe y subtitulado en castellano, no hay voz en off ni otros recursos que expliquen nada, ya que la realizadora turolense prefirió que el diálogo fuera entre los protagonistas y el espectador.

Cada cual explica su casuística, pero los entrevistados representan todos los espectros de edad y género posibles. De ese modo aunque se conserva la fuerza de las historias personales, también tienen cierto valor generalizador. “Sin embargo hay que tener claro que no es extrapolable la situación de los refugiados ni siquiera entre campos de la misma ciudad”, asegura Cantero. “Visitamos otro campo en Tesalónika donde estaban mucho peor, donde todavía estaban en tiendas de campaña precarias con mucho frío”.

Y es que incluso entre los refugiados hay clases. Según Cantero, “En las islas griegas están mucho peor que en la península y ya hay cinco muertos por el frio”. Estos refugiados insulares están esperando a que el resto, unos 160.000, sean reubicados para ocupar sus campos. “A finales de año la situación era mejor que en verano de 2016, porque parece que por fin van a comenzar las reubicaciones”, explica Cantero, que sin embargo no cree que las autoridades cumplan el plazo de tiempo prometido, que es de seis meses. “Es inexplicable la extrema lentitud con la que se está actuando”, asegura la de Allepuz. “Supongo que es una estrategia para desesperar a los refugiados y que opten por volver a sus países en guerra”.

Aunque todavía no tiene fecha, Elena Cantero planea regresar a Tesalónika con Refugiándonos, “en esta ocasión seguramente para un proyecto más largo y continuado”, explica. Probablemente eso desemboque en nuevos audiovisuales de la turolense.

Aunque Elena Cantero no tuvo problemas con las autoridades griegas a la hora de grabar el documental, tuvo que respetar la prohibición de filmar el interior de los campos, a pesar del consentimiento de los refugiados, con el pretexto de “salvaguardar su seguridad”. En una ocasión tuvo que dar explicaciones sobre el documental a la Policía griega, que incluso respetando estrictamente la legalidad parece poco entusiasmada porque los testimonios de los refugiados recorran Europa. Todo lo contrario de quienes viven en los campos.

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