Colocación de nueva placa en el monolito en memoria de Antonio y Valentín

Nota de prensa 31 de marzo de 2016

Familiares, integrantes de Recuerdo y Dignidad y amigos colocarán este fin de semana una nueva placa en el monolito en memoria de Antonio Cabrero Santamaría y Valentín Llorente Benito en el lugar de la que fue arrancada.
El acto se repetirá cada una de las veces que sea violada la memoria de estas dos personas.
Este sábado 2 de abril de 2016 un grupo de personas, subirán al lugar de la sierra entre Fuentebella y Sarnago donde se halla el monolito dedicado al alcalde de Pitillas y maestro de Igea y Fitero.
Los hechos
Según testimonios que ha podido recoger la ASRD, la placa fue arrancada hace aproximadamente un año y medio. La ubicación del monolito y sus dimensiones lo hacen difícilmente localizable para quien no transite mucho por esa zona o no sepa su localización exacta. Además, hizo falta alguna herramienta específica para extraerla, ya que las cabezas de los tornillos estaban desgastadas y la placa adherida con poliuretano a la piedra. Las herramientas tuvieron que ser llevadas con la intención de arrancar la placa. Según testimonios, con anterioridad, la placa habría recibido algún disparo de un cazador desde un puesto de caza próximo.
En Soria los dos únicos elementos conmemorativos de los civiles asesinados en la represión del alzamiento militar han sido violentados. Al robo de la placa del monolito de la Alcarama se le une el robo de una lápida en Barcones con los nombres de dos de las personas exhumadas en 2013 y enterrados en el cementerio de dicha localidad. En este caso, la presión hizo que la lápida fuera devuelta poco tiempo después.
Estos no son hechos aislados, ya que son decenas las placas, monumentos y memoriales dedicados a las víctimas de la dictadura atacados en las provincias cercanas. No hace ni un mes del último ataque a los monumentos que recordaban a las víctimas y heridos de los violentos sucesos del 3 de marzo de 1976 en Vitoria.
Hay una auténtica corriente de odio hacia los memoriales dedicados a simples civiles que nunca levantaron un arma contra nadie y cuyas identidades son reivindicadas especialmente en los últimos años. Estas personas, así como otros 574 sorianos y sorianas más, fueron asesinadas en la represión posterior al alzamiento militar contra el Gobierno democrático de la II República. Las víctimas en general eran personas que trabajaron por sus convecinos, en especial sindicalistas, miembros de profesiones liberales, o, como en este caso, maestros y cargos políticos elegidos por los ciudadanos. Valentín educaba niños y niñas (aun cuando estaba escondido “enseñaba cuentas” a los pastores) y Antonio devolvió unas tierras del que pertenecían al común del pueblo usurpadas por los terratenientes locales.
El 3 de septiembre de este año se cumplirá el 80º aniversario del asesinato de estas dos personas, cuyos asesinos, así como los militares inductores, continúan impunes.
La búsqueda de Antonio Cabrero
La familia les ha estado buscando desde 1936. Ese año a primeros de octubre llegó la noticia, desde San Pedro Manrique a Pitillas, de que a Antonio Cabrero le habían asesinado en esa zona. La familia, en esos días de incertidumbre y miedo, se puso en marcha para interesarse por lo sucedido y recuperar su cuerpo. Un hermano de su esposa viajó a San Pedro Manrique donde le confirmaron la noticia. Le entregaron un cinturón y la cédula familiar que Antonio llevaba en la cartera, pero ninguna respuesta o información sobre lo sucedido ni sobre el paradero de su cuerpo.
En 1940 la mujer del alcalde, Juliana, escribió al párroco Luciano Morga pidiendo información, a lo que el párroco le respondió confirmando con certeza la muerte pero diciendo no saber dónde se encontraba el cuerpo, ya que “oficialmente no hay nada”.
A partir de 1978, su hijo mayor, Valentín, reinicia la búsqueda. Durante años recoge algunos datos sueltos que apuntan a un lugar en el monte llamado Fuentebella, como lugar de su muerte. Aprovecha todas las ocasiones en las que encuentra personas de la zona para preguntar. Los testimonios no son claros y el silencio sobre lo sucedido es una constante.
Es a partir de 2005 cuando encuentran los nietos a personas de la zona que deciden ayudarles. Hacen un primer viaje, con un descendiente de Fuentebella, al lugar donde sucedieron los hechos y relata lo que tiene oído. Durante 2006 se contrastan datos y se consigue saber que el maestro que se encontraba con el abuelo era Valentín Llorente, Igeano y maestro en Fitero.
Desde noviembre de 2006 hasta hoy, se han encontrado testimonios que ayudan a reconstruir con muchos datos lo sucedido. Con algunas personas se entrevista la familia, con otras la comunicación ha sido telefónica o digital. A través de Internet encuentran las páginas y revistas de los pueblos de la zona, permitiéndoles contactar con personas que los han acompañado en la búsqueda.
En 2013 con financiación del Gobierno de Navarra se hace un último intento por encontrar la fosa común que alberga sus restos. El resultado fue infructuoso, pero la visita de miembros de la Fundación Aranzadi facilitó la recuperación de los restos mortales de los seis sanestebeños exhumados en Barcones.
La huída y el asesinato
En Julio de 1936 Antonio Cabrero, huyendo de las amenazas de muerte, se dirige a Acrijos buscando el apoyo de unas amistades. En el trayecto a esta población, coincide con el maestro el cual se encontraba en similar situación. En su estancia en Acrijos son escondidos en un corral cercano al pueblo. Allí permanecen durante más de un mes siendo asistidos por algunos pastores y vecinos; les dan de comer “de lo poco que tenían” y algunas mantas para
abrigarse. También les dan noticias de lo que acontece en la guerra y de “cómo van las cosas”.
Según testimonios, en Acrijos se dan, por lo menos, dos registros en algunas casas que creían podían apoyarles. Los registros son efectuados por diferentes patrullas venidas de Igea y San Pedro, fueron realmente amenazantes. Finalmente, algunas personas del pueblo trasmiten al alcalde y al maestro el riesgo y el temor de lo que pueda suceder, aconsejándoles que abandonen el municipio.
Es entonces cuando se trasladan a Fuentebella. Allí nos cuentan que permanecen pocos días escondidos en un corral. La situación se complica pero, a pesar de ello, un cabrero de Fuentebella les llevaba a diario comida e información. La noticia de que estaban en Fuentebella llegó a San Pedro Manrique. De allí comunican al alcalde que tienen que buscar a los “huidos” y matarlos. Un grupo de personas fueron a buscar al cabrero que les ayudaba. Este se hallaba escondido. Tras amenazar a su padre con una escopeta, lograron que este les condujera al corral donde se encontraban. Los hicieron salir y los condujeron a la zona de Moscares, siendo asesinados y enterrados los dos juntos en una fosa común.
Desde la ASRD llevamos 10 años trabajando para recuperar la identidad de estos dos civiles y de otros 574 sorianos y sorianas que fueron asesinados en cumplimiento de las órdenes sistemáticas de exterminio dadas por los militares sublevados contra su propio gobierno y su pueblo. El incumplimiento de las obligaciones con las víctimas de los crímenes contra la humanidad del franquismo por parte del Estado Español ha sido denunciado, en los últimos años, por el Comité de Derechos Humanos y el relator especial de Naciones Unidas del Consejo de Derechos Humanos entre otros.
La familia recoge las impresiones de su búsqueda de tantos años en el blog La Vara de la Libertad ( lavaradelalibertad.blogspot.com.es/ ).
Los vecinos de Pitillas le compusieron a Antonio Cabrero La vara de la libertad, una jota ensalzando su dignidad como alcalde. La jota, anónima, ha sido interpretada por varios grupos de música. Entre otros, aparece en el disco de Paco Marín de 2011Sentimientos en crudo (https://www.youtube.com/watch?v=0BKOFCwgHd0 )
La historia de estos dos desaparecidos se recoge en el libro La Vara de la Libertad, de Isabel Goig Soler.

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