Hoy una mamá del proyecto quiere compartir una reflexión

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Hoy una mamá del proyecto quiere compartir una reflexión. ¡Muchas gracias! Por supuesto, todas vuestras opiniones y comentarios son bienvenidos, asi que ¡a comentar!

LO QUE REFLEJA JUGAR A SER PROFE.

Mi hija de 3 años ha empezado este curso a ir a Papoula. Toda la familia teníamos claro que era el sitio ideal para ella, y aunque su padre y yo no teníamos prisa, entre todos hablamos y acordamos que era el momento de empezar. Ella va muy contenta, y ni un solo día ha dicho que no quiera ir (toda una suerte que esperamos que no cambie) Esto ya es un indicador para nosotros de que efectivamente era el sitio perfecto para ella.
¿Pero qué es lo que, como madre, me ha proporcionado una tranquilidad tan plena, (de esa que te hace soltar un suspiro de alivio), de que no puede estar en otro sitio mejor….?

Mi hija ayer por la tarde se puso a jugar a que era “la profesora”. Hablaba a sus muñecos con tanta dulzura, con tanto cariño y amor, que fue realmente precioso. Utilizaba frases como: “¿No puedes? Bueno, pues no te preocupes. Si necesitas, te ayudo”. O “Qué te apetece hacer?” o “¿no quieres hacer la actividad?” pues vamos a ver qué quieres hacer” o otros tantos ejemplos en los que para mi subyace lo más importante: el respeto hacia el “ser” de cada cual, el papel activo del niñ@ en su proceso de aprendizaje, el trato respetuoso y afectivo…

Yo siempre he trabajado con la infancia, y hace unos años trabajé en un comedor escolar con niñ@s de tres años. Después de comer, en el patio, jugábamos a profes. Bueno, solo jugamos una vez porque no pude soportarlo. Las frases de estos peques eran (gritando y de malos modos, claro) “anda, ponte en esa esquina, que pareces un florero” o “NO, lo has dicho mal, eres un tonto, no sabes nada” o “toma tu mochila (y te la lanzaban para que la cogieras)”… Me dolió realmente. Me dio mucha pena que el concepto de jugar a “profes” para un@s niñ@s de tres años fuera ese. Y lo peor de todo: era su realidad, su profe era así…

Afortunadamente, sé que no todo el sector docente es así, ni muchísimo menos. Hay grandísimos profesionales que hacen una labor encomiable. El problema como familia es que no puedes elegir. No puedes saber realmente (sobre todo en colegios grandes) cómo es la profe o el profe que va a pasar tantas horas con tu hija. Generalmente, el papel de las familias se limita de puertas para fuera. Lo bueno de Papoula (y en ocasiones también lo malo) es que las familias tenemos implicación total, y las puertas siempre están abiertas para compartir y comprender cómo se producen los procesos de aprendizaje de nuestr@s hij@s.

Y soy consciente de que Papoula no es perfecto, nada lo es. No es un lugar idílico, donde los niños van flotando entre nubes rosas y flores de caramelo (por suerte jeje) Nada es perfecto, pero para nuestra familia Papoula se acerca mucho. Y sobretodo, todas las maravillosas personas que forman este proyecto, especialmente Cristina Antoñanzas Cazador y Polly Henderson

Si no le has dado importancia a este juego, te recomiendo que lo hagas. No que juegues con ell@s a profes, si no que observes y escuches como tu hij@ “es profe”: el tono de voz que usa, el tipo de expresiones, el contacto físico o no con los muñecos… Por lo menos, siempre es interesante que hagamos una reflexión sobre esto. Y también si eres docente, que reflexiones sobre esos aspectos.

Un abrazo a tod@s l@s que me habéis leído. Me encantaría que compartáis tambien vustras experiencias en este sentido

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