Figuras de lo político: de la revolución a la unión transnacional. Actualidad de la Fenomenología del espíritu

Ciclo de conferencias.
19, 20 y 21 de noviembre a las 18.30 horas.
Salón Rojo, IES Antonio Machado.


El perdón de los pecados y la democracia europea.

Conferencia, por Félix Duque Pajuelo, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid.  

Lunes, 19 de noviembre, a las 18.30 horas.

Salón Rojo, IES Antonio Machado.

Las reticencias de Hegel sobre la viabilidad de la democracia en el estado moderno pueden explicarse parcialmente como una “querella de palabras”, ya que, cuando se atiende al célebre final del capítulo VI de la Fenomenología del espíritu, y la doctrina del “perdón de los pecados” se traduce en sentido secularmente “político”, sustituyendo así al “Dios reconciliador” por una conciencia colectiva, se entiende hasta qué punto puede ser esa doctrina un punto de referencia para nuestros días. En efecto, al igual que la Prusia reformista pudo asumir (o sea: reprimir su violencia y recoger sus exigencias) el terror revolucionario mediante reformas, también Europa creyó poder empezar a asumir -a partir de 1950- su propio terror de procedencia (en este caso, no por la libertad absoluta, sino por la necesidad absoluta o destino ciego: el Nazismo y el Fascismo), mediante la creación de la Unión Europea. Ahora que ésta parece en vías, si no de extinción, sí de irrelevancia, a lo mejor no está de más preguntarnos por “El perdón de los pecados y la democracia europea”

Radicalismos y populismos contemporáneos.

Conferencia, por Valerio Rocco Lozano, profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid.

Martes, 20 de noviembre, a las 18.30 horas.
Salón Rojo, IES Antonio Machado.

La tesis de la que parte esta intervención es que el gran problema de la esfera pública de nuestro tiempo estriba en la falta de mediación, de particularidad lógica, en el ámbito político del Estado-nación. Los ciudadanos advierten que no existen instancias particulares capaces de vehicular sus reivindicaciones hasta los órganos de Gobierno y, recíprocamente, la actividad legislativa del Estado es percibida como cada vez más abstracta, heterónoma y condicionada por esferas superiores, de carácter difuso, supranacional y radicalmente desconectado del tejido concreto de un pueblo determinado.

Ante esta doble situación, la posibilidad de una auténtica participación política parece cada vez más irreal para la inmensa mayoría de los españoles, y en general de los europeos, que sienten cómo la actividad legislativa de sus Gobiernos se les impone abstractamente, sin ninguna mediación, es decir: violentamente. Ante esta violencia de la actividad legisladora impuesta abstracta y externamente existen muchas reacciones posibles pero, en mayor en menor grado, todas tienen algo en común: la salida del juego político, la auto-posición del individuo en un lugar externo al sistema oficial, existente, de toma de decisiones, bien para ignorarlo, bien para socavarlo y construir otro en su lugar, bien para buscar en otra esfera espiritual la autorrealización individual en el marco de una comunidad.

Las respuestas a la imposibilidad de una genuina participación en el ámbito político pueden resumirse en una feliz expresión acuñada por Charles Taylor al hablar, en su libro titulado Hegel, de la actitud del estoico romano: “la estrategia de la retirada”. El propósito de esta conferencia es analizar las estructuras lógicas subyacentes a este movimiento de retirada, de rechazo inmediato y brusco del orden político existente, que cruza transversalmente –y no sólo diacrónicamente– muchas páginas de la filosofía hegeliana y en especial el Capítulo VI de la Fenomenología del Espíritu. El objetivo es, a partir de categorías de la lógica hegeliana como abstracción, limitación o negación determinada, elaborar una lógica de la protesta social y de su transformación, en los últimos años, en los complejos fenómenos de radicalismos y populismos de diferentes signos que se multiplican el continente europeo.

Fenomenología de la razón legisladora. Sobre movimientos sociales y políticas radicales.

Conferencia, por Edgar Maraguat Idarraga, profesor del Departamento de Filosofía de la Universitat de València.

Miércoleses, 21 de noviembre, a las 18.30 horas.

Salón Rojo, IES Antonio Machado.

¿Son nuestros deberes morales normas de conducta incondicionales y atemporales, de las que podemos siempre cerciorarnos subjetivamente, reflexionando sobre su pura forma o su contenido esencial? ¿Y son los deberes sociales y legales, deberes morales institucionalizados, deberes morales que es –y siempre fue– nuestro deber institucionalizar? ¿O, por el contrario, son nuestros deberes para con otros siempre y en todo caso deberes condicionados, que tenemos sólo porque habitamos un determinado espacio social y participamos de un orden institucional concreto?

El primero de esos puntos de vista lo representa históricamente la “moralidad”, tal y como la analiza Immanuel Kant en su metafísica de las costumbres. El segundo, el punto de vista “ético” –que no moral– que G. W. F. Hegel adopta en su filosofía del espíritu. Kant defiende que la buena voluntad moral es el único bien no relativo que cabe imaginar; Hegel, que la buena voluntad moral está siempre a punto de convertirse en el mal, y que una conciencia que sabe justificar lo que sea que hace apelando a “finalidades superiores”, morales, es ella misma una figura moderna del mal, de eso que Camus llamó después la “peste”, un principio de exaltación y de terror, hoy diríamos: de fundamentalismo y radicalismo. En consecuencia, Hegel propugna una superación de la moralidad en la “vida ética”. El deber supremo del ciudadano ha de ser, según él, hacer lo que le corresponde hacer dada su posición social, y no “decirle al Estado cómo debe ser”.

¿Cabe otra cosa que deplorar esa “superación de la moralidad”? ¿No se ha impuesto la necesidad de una superación en sentido contrario de las costumbres –incluidas las costumbres políticas– en la moralidad? ¿De moralizar la política, por decirlo brevemente? ¿No representan hoy los movimientos sociales –el ecologismo, el feminismo, el anticapitalismo– las demandas de la razón moral en las que podemos poner la esperanza de más oportunidades para más gente, menos desigualdad, más autogobierno colectivo? ¿Serán figuras del mal, porque sus demandas son abstractas, parciales, intereses de clase, a lo sumo de una mitad de la población? ¿Están “a punto de convertirse en el mal”?

¿O es más bien la oposición misma de la moralidad, por un lado, a las viejas buenas costumbres y el sentido común, por otro, vale decir, de “Kant” a “Hegel”, lo que la filosofía debe superar? ¿Y qué nombre tiene, en fin, esa superación?