Compendio de manifiestos del primero de mayo

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En las últimas décadas hemos asistido a unas modificaciones importantes en la estructura laboral. Todo el sistema de organización del trabajo que se construyó en las sociedades occidentales tras la IIGM, el llamado fordismo, está mutando de forma. No sabemos bien qué vendrá después, pero lo que si sabemos es que no traerá ninguna consecuencia positiva para la clase trabajadora. Las nuevas tendencias laborales ahondan, por el momento, en la privatización, la extensión de las lógicas de mercado hacia espacios anteriormente públicos, la flexibilidad en los contratos, la ruptura de las jornadas laborales fijas en pos de jornadas flexibles, la extensión de trabajo más allá de los límites de la empresa (fenómeno facilitado por las nuevas tecnologías).

Estos cambios en la estructura laboral, encaminados a convertir a los países de Europa Occidental en economías centradas en finanzas y tecnología de la información y al resto de países dependientes en exportadores de materias primas y obra de mano barata, están generando una mayor concentración de capital: en otras palabras, cada vez hay menos personas con más recursos. En base a un discurso tecnócrata, se está construyendo una visión de las regulaciones laborales como un enemigo anticuado, como un fenómeno del pasado que dificulta el buen funcionamiento del libre mercado. El mercado, afirman, es una institución flexible, autoregulada y que ha de dejarse funcionar con libertad. Este discurso, lejos de ser un discurso científico emitido desde la objetividad, es un proyecto político que encierra unos intereses económicos de una minoría.

¿Cómo afecta esto a la clase trabajadora? Si bien antes tener un empleo no garantizaba una vida digna, si facilitaba mucho las cosas. La posesión de un empleo garantizaba el acceso a toda una estructura asistencial que iba desde la seguridad social, subsidios por desempleo, sanidad o capacidad de negociación colectiva. Con la progresiva ruptura de estas normas laborales se está generando un fenómeno paradójico: trabajadores pobres. Este fenómeno, que nos decían se había superado ya, está volviendo, y con fuerza. No es raro el caso de una persona que acumule varios empleos para poder llegar a fin de mes. Ni tampoco escasean los ejemplos de trabajadoras jóvenes que, pese a tener empleo, no pueden abandonar el hogar familiar.

Con la desindustrialización que estamos viviendo los empleos ofertados son, por sus características, precarios. Camareros y camareras, repartidores en bicicleta, teleoperadores/as… constituyen la norma en la nueva clase trabajadora, eso que se  llama precariado.

Como todo gran cambio estructural, el tránsito de una organización laboral a otra no se está produciendo de golpe. Es una implementación progresiva que tiende a darse en aquellos empleos ofertados a las jóvenes. Las cifras son claras. La tasa de paro juvenil, en el año 2017, se situó en torno al 37%, una de las más altas de los países de la eurozona. La flexibilidad laboral se torna evidente cuando observamos que, entre los menores de 30 años que están trabajando, el 57% lo hace con contratos temporales. A estas cifras tenemos que sumarles fenómenos más invisibles, como la obligación a darse de alta como falsos autónomos o las prácticas no remuneradas.

Otro fenómeno donde se manifiestan las consecuencias negativas de este cambio es en el desempleo. El antiguo modelo, con todos sus contras, buscaba la integración de, al menos, la mayor parte de la ciudadanía al trabajo. Las garantías de desempleo estaban preparadas para dar seguridad a aquellas personas que eran despedidas. Con el nuevo formato que se está implementando, la propia concepción del desempleo ha cambiado de forma. Ahora no se busca proteger, sino adaptar a los ritmos del mercado a aquellas personas despedidas. Este fenómeno es especialmente dramático en aquellas personas, más mayores, que se han visto en la calle. En lugar de proteger y asistir con subsidios de desempleo, las recetas del nuevo modelo son dar cursillos de formación y obligar a aceptar cualquier trabajo, por malas que sean sus condiciones.

Es por eso por lo que tenemos que entender que la lucha contra la precarización del empleo no es algo que tengamos que hacer exclusivamente las jóvenes. Es una lucha que integra al conjunto total de la sociedad, ya que la tendencia va a ser esta. La precarización de hoy será la norma del mañana, y sin una organización conjunta para frenar esto el futuro de la clase trabajadora será oscuro.

Por eso, desde Abrir Brecha, hacemos un llamamiento a distintas organizaciones a que se unan a esta lucha. Desde abajo, construyendo y avanzando, podremos frenar esta tendencia que no nos depara nada bueno.

 

ABRIR BRECHA

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El relato de la recuperación económica no se corresponde con la subida de salarios, ni con el número de firmas de convenios, ni con la disminución de la precariedad laboral o tampoco con la mejora de las pensiones o de los servicios públicos. La crisis ha servido de excusa a la clase dominante para desmantelar derechos y, fundamentalmente, para tratar de destruir la organización combativa e independiente de los y las trabajadoras, para acelerar su vulnerabilidad y dar poder político, económico y social a los empresarios.

Pero la realidad es tozuda y en los últimos meses asistimos a cómo los y las trabajadoras han iniciado conflictos laborales, huelgas y paros, que están consiguiendo remontar la conciencia y la organización después de haber estado en mínimos durante estos años. De esta forma, el número de horas de huelga volvió a ascender durante 2017, como indicador de un cierto despertar de la conflictividad laboral que tenemos que cuidar y avivar. Sin una intensificación del conflicto en los centros de trabajo no habrá cambio posible. En este sentido, encontramos diversos ejemplos de conflictos donde los y las trabajadoras han decidido emprender el camino de la lucha colectiva: la seguridad de aeropuertos, Amazon, Bershka, Casinos, Deliveroo, monitoras escolares, 061, 112 y tantos otros, son solo algunos de estos ejemplos. Así, empezamos a ver cómo trabajadores y trabajadoras de empresas grandes y pequeñas empiezan a salir a reivindicar estabilidad laboral, negociar los convenios para ganar derechos o para parar los desmanes en horarios y formas insufribles en la organización del trabajo.

Desde Anticapitalistas llamamos a participar de manera solidaria en esas luchas, en su organización, en sus manifestaciones, en su difusión. En esas luchas y sus resultados se está gestando un posible sindicalismo del siglo XXI, se reactualizan poco a poco las formas de lucha, el repertorio organizativo y discursivo de la clase trabajadora y, sobre todo, las formas de solidaridad necesarias frente a la explotación. Frente al agotamiento del actual modelo sindical mayoritario, creemos muy útil pensar algunos de los retos para la construcción un sindicalismo abierto, feminista, de clase, combativo y asambleario:

  • Construir un proceso de organización social y político que levante las banderas del aumento del Salario Mínimo Interprofesional y las pensiones, como están haciendo las mareas y plataformas de pensionistas.

  • Necesitamos un sindicalismo que salga a la calle desde ya para retomar la idea de un nuevo marco legal para las relaciones laborales que aborde urgentemente cómo frenar y revertir la subcontratación, la flexibilidad horaria, de qué forma revertir los retrocesos sufridos en las causas y costes de despido, cómo prohibir sistemáticamente las falsas relaciones mercantiles que llevan a muchos trabajadores y trabajadoras a ejercer de falsos autónomos.

    Frente a la crisis de las derecha política y los problemas para el recambio de sus mandos entre PP y C´S, frente a las dificultades para volver a legitimar el gobierno central y el bloque de fuerzas del régimen, se está perdiendo un tiempo precioso para reclamar ya cambios legislativos en todos estos terrenos.

  • Enfrentar ya una negociación colectiva que revierta el retroceso salarial sufrido tras la paralización en la negociación colectiva o por haber contemplado subidas menores en relación a la subida general de los precios.

  • Debemos avanzar hacia un sindicalismo de lucha, un sindicalismo para la transformación radical de la sociedad. Un sindicalismo que debe huir de los resultados ya conocidos de la concertación social y que, a la vez, debe generar prácticas democráticas y combativas, defender las demandas del 8M y del movimiento feminista, comprometerse con los servicios públicos, poner recursos en la lucha contra la precariedad y la subcontratación.

Este 1 de mayo toca salir a las calles para seguir construyendo nuevas formas de sindicalismo, denunciar el paro, la precariedad y extender la conflictividad y la solidaridad mutua entre los conflictos en marcha. Este 1 de mayo toca, en definitiva, seguir organizándonos como clase trabajadora.

 

ANTICAPITALISTAS

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¿Cuántas veces has escuchado comentarios machistas en tu centro de trabajo? ¿Cuántas veces han infravalorado tus conocimientos y tus capacidades en determinadas materias por ser mujer? ¿Cuántas veces tú o tus compañeras habéis vivido casos de acoso por parte de jefes o compañeros? ¿Cuántas veces te han llamado exagerada por denunciar estas realidades?

Como en todos los ámbitos de nuestra vida, en el laboral se reproduce el sistema capitalista y patriarcal, siendo la división sexual del trabajo una de sus manifestaciones claves. En los centros educativos se ejercen violencias machistas, racistas, clasistas y LGBTfóbicas.

En el caso de las docentes e investigadoras, esta se traduce en que a pesar de constituir la mayor parte del alumnado, las mujeres solo conformamos una minoría del profesorado. Además, padecemos el techo de cristal: mayor dificultad que nuestros compañeros al acceder a altos cargos, especialmente cátedras, donde el cupo de mujeres oscila entre el 10 y el 20 %, correspondiendo al porcentaje más bajo a los departamentos de ciencias tecnológicas.

El fenómeno de la discriminación salarial hacia las mujeres afecta a toda trabajadora independientemente del sector, por lo que profesoras, investigadoras y empleadas de administración y servicios la sufrimos.
Las trabajadoras de las contratas externas a la Universidad soportamos una brecha salarial que ya solo en la Comunidad de Madrid es de más del 37 %. Además, padecemos las consecuencias de la privatización de los servicios, como la incertidumbre sobre la duración de los contratos, la indefensión ante despidos injustificados y el consiguiente aumento de la precariedad laboral.

Las trabajoras de limpieza, de cafeterías y el resto de mujeres que formamos parte de la administración y servicios de los centros de enseñanza partimos de peores condiciones materiales. Así, se ejercen violencias específicas de corte clasista que invisibilizan e infravaloran nuestro trabajo. Cuando las cuestiones de clase y raza se solapan, se agudiza tal violencia.

Por todo ello, reivindicamos la jornada del 1° de mayo como instrumento para acabar con el machismo, clasismo, racismo y LGBTfobia.

Asimismo, desde Pandora aprovechamos para recordar y denunciar las múltiples agresiones machistas sufridas diariamente por las mujeres, con especial mención al juicio de la manada, a la violación de Navaleno y a la víctima asesinada ayer en Burgos tras una brutal paliza por su ex pareja.

PORQUE LA LUCHA SERÁ FEMINISTA O NO SERÁ.

 

PANDORA

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Llevamos 10 años en una situación de emergencia social, donde ya no solo las personas sin trabajo están bajo el umbral de la pobreza, sino que más del 14% de las personas con trabajo son pobres como consecuencia de la precariedad de los nuevos contratos de trabajo, con contratos parciales y sueldos de supervivencia, que constituye la nueva realidad laboral de indignación. A ello se suma el retroceso en el poder adquisitivo que han sufrido las pensiones, ocasionando que uno de cada tres pensionistas esté por debajo de ese umbral de pobreza, a la vez que ha aumentado la brecha salarial de género, tanto en los salarios como en las pensiones.

Nos enfrentamos a un ataque ideológico y estratégico que pretende que lo que hasta hace poco tiempo eran derechos sean ahora negocio: la educación, la sanidad, las pensiones… todo aquello que en suma es nuestro, de todos y todas, se está convirtiendo en dividendos para las grandes corporaciones empresariales. A cambio nos obligan a rescatar bancos y autopistas, pagando una deuda que no es nuestra, pagando una deuda que es ilegítima y que en gran parte procede de la corrupción. Nos están estafando.

Desde la CGT decimos que no vamos a resignarnos a que los bancos sean más importantes que las personas; desde la CGT nos negamos a que buena parte de los servicios públicos sigan siendo privatizados y precarizados; desde la CGT no consentiremos que se desmantele el sistema público de pensiones; en la CGT no aceptamos que la clase trabajadora vea reducidos sus derechos todos los días con nuevas reformas laborales.

Es hora de que se produzca un reparto del trabajo reduciendo la jornada laboral, acabando con las horas extras y adelantando la edad de jubilación para que todos y todas podamos tener trabajo. Deben recuperarse los servicios públicos privatizados, donde solo sea importante la eficiencia de los mismos para que de verdad exista una protección social que sea pública y universal, para todas y todos. Es imprescindible repartir la riqueza a través de una reforma fiscal que haga que quienes soporten la mayor parte del gasto sean las grandes fortunas y corporaciones, que son las que han visto incrementados sus beneficios con esta crisis-estafa. Hay que acabar con el fraude y los paraísos fiscales.

Para la CGT la resignación no es una opción, es hora de ocupar de nuevo las calles, es más necesario que nunca que la CGT esté presente allí donde se producen situaciones de injusticia social, es necesaria una movilización permanente de la CGT contra este sistema corrupto, convocando y participando en cuantas movilizaciones sean necesarias para conseguir una sociedad autogestionaria, antipatriarcal, ecologista, no racista ni xenófoba… libertaria.

LA ESTAFA CONTINÚA

SEGUIMOS EN LAS CALLES

Viva el 1º de Mayo

 

CGT

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