Carta de una niña saharaui

Tribuna

Hola, me llamo Zahra y soy una niña saharaui de 10 años que vive en un campamento de refugiados saharauis llamado Smara, en el desierto argelino cerca de ciudad de Tinduf.

Aquí es muy duro vivir y la verdad es que nadie lo había hecho antes que nosotros. No vivimos aquí desde hace muchos años porque nos guste sino porque mis abuelos tuvieron que huir a esta zona del desierto de Argelia al ser invadido nuestro país, el Sáhara Occidental. En caso de no haberlo hecho, mis abuelos lo hubieran pasado muy mal como les ocurrió a otros muchos saharauis.

Aunque aquí vivimos felices con nuestros padres y hermanos, vamos al colegio y de vez en cuando nos ve el médico con sus escasos medios, la comida no es muy buena, en verano hace muchísimo calor y hay muy poca agua.

He hablado con otros niños saharauis en el cole y me han dicho que ellos, cuando viajan a España en verano, se lo han pasado muy bien con sus familias de acogida soriana: habían comido muchas cosas que aquí nunca habían visto o probado, les habían llevado al médico para ver cómo estaban de salud, habían ido muchos días a la piscina y a las fiestas del pueblo y encima hablaban español mucho mejor que antes de ir de vacaciones a Soria.

Algunos era la primera vez que habían ido a España y se asombran de muchas cosas, como que hubieran tantos coches por todos lados, que la gente viviera unos encima de otros y que utilizara ascensores o escaleras para llegar a su casa, que hubiera piscinas para no pasar calor, que la luz se pudiera encender cuando uno quisiera, que el agua saliera siempre por los grifos o que el frigorífico estuviera siempre lleno.

Y es que nuestra vida allí es muy diferente a la que hay en Soria, aunque cuando acaba el verano estamos deseando volver a casa con nuestros padres, hermanos y amigos para contarles lo bien que lo hemos pasado y que estamos deseando volver otro veranos más porque al fin y al cabo tengo dos familias, una en el Sáhara y otra en Soria.

Este año también voy a viajar a Soria para pasar el verano con mi familia soriana. La verdad es que estoy deseando que llegue el día para montarme en el avión y ver de nuevo a mis amigos sorianos, la dehesa, Valonsadero (si tuviera suerte llegaría a las fiestas de San Juan), ir a la piscina del pueblo, comer helados, paella, beber una coca-cola… ir al médico que me ve todos los veranos, aunque no me hace mucha gracia, y también poder hablar en español con mis amigos de Soria porque lo hablo igual de bien como mi idioma, el hassania.

Hay niños saharauis en mi campamento y en los otro cuatro que no podrán viajar a España este verano porque hay familias españolas que no se deciden a dar el paso y acogerles porque les da miedo al ser una experiencia nueva. Yo les pido que prueben y estoy casi segura que no se arrepentirán de hacerlo.

Al fin y al cabo, como pone el cartel de los amigos del pueblo saharaui de Soria: “este verano acoge una sonrisa en tu hogar”.

Nota; No, Zahra como tal pero si existen muchas Zahras con sus mismos sueños y necesidades a la espera de que una familia soriana decida cambiar su verano.


La Asociación Soriana de Amigos del Pueblo Saharaui ha animado otro año más a las familias sorianas a que participen en el programa  “Vacaciones en paz” y acojan durante los dos meses del verano a menores de entre 9 y 12 años de edad.

El vicepresidente de la organización en Soria, Miguel Ángel Hidalgo, ha apuntado que este acogimiento puede ser realizada no sólo por familias sino también por personas solteras, aunque “se recomienda que en las familias haya hijos de la misma edad” de los chavales que llegan de los campamentos de refugiados.

La idea es que ambos menores se puedan beneficiar mutuamente con experiencias y conocimiento, algo que también facilita la integración.

El programa “Vacaciones en paz” tiene por objetivo ofrecer una ayuda desinteresada a los menores que viven en un campo de refugiados, que han nacido en el exilio y se están desarrollando en un clima de tensión.

Hidalgo ha recordado que los saharauis viven en el exilio desde hace más de cuarenta años, cuando para huir de la guerra se trasladaron a los campamentos de refugiados en los que aún viven.

El programa estival pretende que estos niños “puedan pasar el verano con familias sorianas y así librarse del tremendo calor que hace en el desierto en esa época”, tener “una alimentación sana y equilibrada”, pues tienen deficiencias “sobre todo en fruta, verdura y pescado”, además de “una asistencia sanitaria completa”.

El Mirón de Soria

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